El Manifiesto del Metaprogramador


Todos los seres humanos, todas las personas que alcanzan la edad adulta en el mundo de hoy son biocomputadores programados. Ninguno de nosotros puede escapar nuestra propia naturaleza como entidades programables. Literalmente, cada uno de nosotros seríamos nuestros programas, nada más, nada menos.” — John C.Lilly, M.D.

“No puedes enseñar nuevos trucos a un perro viejo”, “un leopardo no cambia sus manchas” — el lenguaje está lleno de expresiones que implican que la gente nunca cambia. Toda nuestra sociedad parece estar organizada para evitar que nadie lo haga. El objetivo de este artículo es echarle un vistazo cómo está la situación actual y apuntar hacia fuentes para realizar tus propios experimentos.

John Lilly, más conocido por su trabajo en comunicación con delfines, fue uno de los primeros investigadores en lo que Tim Leary llamó ‘neuropsicología’: el uso de las operación del cerebro en lugar de la conducta humana para determinar los límites de lo que pueden hacer los humanos. Los experimentos de Lilly mostraron que el cerebro podía ser tratado como una entidad programable similar a un ordenador digital; tratándose en este caso de un ordenador capaz de programarse a sí mismo.

Lilly se refirió a esta capacidad de auto-programación como metaprogramación, e informó sobre sus investigaciones en su libro, “Programando y metaprogramando la biocomputadora humana” (Programming and Metaprogramming in the Human Biocomputer). Timothy Leary en particular y Robert Anton Wilson expandieron la teoría de la metaprogramación con su modelo de ocho circuitos para el cerebro, que cubriremos más adelante.
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El virus cósmico: la información nos utiliza para evolucionar (y no al revés)

Con la llegada del tercer replicante, depués del gen y el meme, la información podría dejar de necesitar nuestro cuerpo para propagarse, mejorando su algoritmo encarnando en la inteligencia artificial: la autoconciencia de cada bit.

El escritor William Burroughs decía que “el lenguaje es un virus del espacio”, aunque esto suena algo extraño -y Burroughs era un tipo extraño-, es posible que esta frase codifique una profunda epifanía. La información sí vino del espacio originalmente y ha llegado para quedarse (replicarse). Las condiciones están dadas para que precursores del ADN, partículas de nano-cristales autorreplicantes, se generen en nebulosas galácticas, y se ha demostrado que bacterias viajando en meteoros pueden atravesar grandes distancias y podrían haber origindado la vida en la Tierra, pero, más allá de esto, la información de los elementos que se combinaron en los albores de la Tierra para dar lugar a la vida ciertamente vino del espacio: del sol, y a su vez, del centro de la galaxia, ad infinitum. Es posible entonces, extendiendo un poco nuestra visión generacional, decir que:

“La información es un virus que vino del espacio.”
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