Una sociedad telepática global: la visión mística de un gobierno planetario

La visión del místico Sri Aurobindo encuentra en la telepatía global una alternativa para implementar un sistema político planetario que fomente la comunión del espíritu humano.

Los sistemas políticos-financieros presentan actualmente, a la luz de la experiencia, un yermo. Los grandes sistemas, el capitalismo y el comunismo e incluso la supuesta democracia moderna, en la práctica han sido sendos fracasos. Si bien podría hacerse alguna adaptación a estos sistemas, impera la intuición de que un cambio sustancial deberá efectuarse de manera radical. Pero incluso un sistema radical —por ejemplo el que postula el movimiento Zeitgeist— está destinado a fracasar —si se trata de avanzar en el bien común y en la evolución de una sociedad planetaria— si no cambia radicalmente la conciencia de las partes de este sistema, es decir, del ser humano como holón.

En el último siglo hemos visto un movimiento dominante: el de la globalización (con su arista de Nuevo Orden Mundial). Existe cierta nobleza en el planetamiento de crear una sociedad global, una democracia planetaria y avanzar hacia la unión del espíritu humano, con todo lo que ello en verdad significa: proteger la diversidad, propiciar el desarrollo de manera igualitaria, intercambiar ideas, formar consensos, en suma, proyectarse como una entidad colectiva interdependiente. Sin embargo, esto es simplemente una utopía si se considera la realidad de la conciencia humana (y de los ejes o entes manipuladores que la circunscriben). La globalización y su superobjetivo del Nuevo Orden Mundial es fundamentalmente una forma de extender uniformente, a lo largo del planeta, un sistema oligopólico que simula ser una democracia y que para su prosperidad no solo necesita de la participación en un sistema económico de todos los integrantes del planeta —esto es, el consumo—, sino de su participación ideológica, justamente porque en el fondo somos juntos el espíritu humano.

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El año 2011 marca el fin del “Fin de la Historia”


Cuando el sistema obliga a la gente común a transformarse en revolucionarios, sabes que te encuentras al borde mismo de la historia.

Escrito por Jerome E Roos y Traducido por Nicolás Caitán (Occupy Uruguay). Original version in English here. Tradução em português aqui.

Las revoluciones Tunecina y Egipcia. La Primavera Árabe. El default de Grecia que se avecina. La ruptura cada vez más probable de la eurozona. La segunda ola de la crisis financiera global. El regreso con venganza de la crítica sistémica del capitalismo. El llamado rotundo a nivel mundial por la democracia real. Las dramáticas manifestaciones contra la austeridad, la desigualdad y el neoliberalismo en España, Grecia, Chile e Israel. Los disturbios en Atenas, Londres y Roma. La ocupación de Wall Street y la propagación del movimiento a lo largo de los EE.UU. Las protestas en masivas de millones de personas en 1000 ciudades y 80 países el 15 de octubre. Incluso la muerte de Muammar Gaddafi.

Todo esto apunta en la dirección de una verdad simple pero inequívoca: el 2011 marca el Fin del Fin de la Historia. Más allá del horizonte plano de la democracia liberal y del capitalismo global, los acontecimientos de este año no sólo han abierto un nuevo capítulo en la saga del desarrollo de la humanidad, sino que han sentado las bases mismas de una interminable procesión de los capítulos más allá de esto. Lo que se está destrozando no es tanto el sistema democrático capitalista como tal, sino más bien la creencia utópica de que este sistema es la única manera de organizar la vida social en la eterna búsqueda de la libertad, la igualdad y la felicidad.
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Cuando la música te traslada a parajes del imaginario colectivo

Todos alguna vez hemos sentido que cierta música nos traslada a otros lugares, lugares mentales, estos pueden ser reales o creaciones nuestras, que en realidad no son nuestras sino de todos, si entienden lo que intento decir. Ésta es una de las tantas canciones que logran transportarme a dónde no sé mierda, pero lo logra, creo que me transporta al lugar que estoy en ese momento, al presente de mi psique como un todo, y ese lugar es el mejor lugar donde puedo estar, ese es el lugar al que pertenezco, donde me fundo con el resto de las entidades y de repente somos todos lo mismo.

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El Manifiesto del Metaprogramador


Todos los seres humanos, todas las personas que alcanzan la edad adulta en el mundo de hoy son biocomputadores programados. Ninguno de nosotros puede escapar nuestra propia naturaleza como entidades programables. Literalmente, cada uno de nosotros seríamos nuestros programas, nada más, nada menos.” — John C.Lilly, M.D.

“No puedes enseñar nuevos trucos a un perro viejo”, “un leopardo no cambia sus manchas” — el lenguaje está lleno de expresiones que implican que la gente nunca cambia. Toda nuestra sociedad parece estar organizada para evitar que nadie lo haga. El objetivo de este artículo es echarle un vistazo cómo está la situación actual y apuntar hacia fuentes para realizar tus propios experimentos.

John Lilly, más conocido por su trabajo en comunicación con delfines, fue uno de los primeros investigadores en lo que Tim Leary llamó ‘neuropsicología’: el uso de las operación del cerebro en lugar de la conducta humana para determinar los límites de lo que pueden hacer los humanos. Los experimentos de Lilly mostraron que el cerebro podía ser tratado como una entidad programable similar a un ordenador digital; tratándose en este caso de un ordenador capaz de programarse a sí mismo.

Lilly se refirió a esta capacidad de auto-programación como metaprogramación, e informó sobre sus investigaciones en su libro, “Programando y metaprogramando la biocomputadora humana” (Programming and Metaprogramming in the Human Biocomputer). Timothy Leary en particular y Robert Anton Wilson expandieron la teoría de la metaprogramación con su modelo de ocho circuitos para el cerebro, que cubriremos más adelante.
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Dan Pink en la sorprendente ciencia de la motivación

Derribando el mito de que el principal factor de la motivación laboral es el incentivo monetario. Derribando el mito de que ofreciéndonos una recompensa monetaria nos desempeñaremos mejor en el área de trabajo, cuando muchas veces éste es un factor contraproducente para nuestra creatividad y desempeño. Dan Pink deja en claro que la recompensa monetaria sólo cumple su función de motivador en trabajos mecánicos y monótonos, que no requieren de una actividad cognitiva mayor, trabajos que pueden y están siendo reemplazados por la automatización.

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