Todo es un holón

Un holón es algo que es a la vez un todo y una parte. La palabra fue acuñada por Arthur Koestler en su libro El espíritu de la bóveda.

Un holón es un sistema o fenómeno que es un todo en sí mismo así como es parte de un sistema mayor. Cada sistema puede considerarse un holón, ya sea una partícula subatómica o un planeta. En un ámbito no físico, las palabras, ideas, sonidos, emociones y todo lo que puede identificarse es a la vez parte de algo y a la vez está conformado por partes.

Dado que un holón está encuadrado en todos mayores, está influido por que influye a los todos mayores. Y dado que un holón contiene subsistemas o partes está influido a su vez por e influye a estas partes. La información fluye bidireccionalmente entre sistemas menores y mayores. Con esta bidireccionalidad del flujo de información, el sistema empieza a desmoronarse: los todos no reconocen depender de sus partes subsidiarias y las partes no reconocen más la autoridad organizativa de los todos.

Una jerarquía de holones recibe el nombre de holoarquía. El modelo holoárquico puede entenderse como un intento de modificar y modernizar las percepciones de la jeararquía natural.

Los holones junto con los informones se emplean en el estudio de funciones cognitivas asociadas a la conciencia, en determinadas ramas de investigación en informática. En el sentido de autosemejanza, los holones tienen gran similitud con las fractales.
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Una sociedad telepática global: la visión mística de un gobierno planetario

La visión del místico Sri Aurobindo encuentra en la telepatía global una alternativa para implementar un sistema político planetario que fomente la comunión del espíritu humano.

Los sistemas políticos-financieros presentan actualmente, a la luz de la experiencia, un yermo. Los grandes sistemas, el capitalismo y el comunismo e incluso la supuesta democracia moderna, en la práctica han sido sendos fracasos. Si bien podría hacerse alguna adaptación a estos sistemas, impera la intuición de que un cambio sustancial deberá efectuarse de manera radical. Pero incluso un sistema radical —por ejemplo el que postula el movimiento Zeitgeist— está destinado a fracasar —si se trata de avanzar en el bien común y en la evolución de una sociedad planetaria— si no cambia radicalmente la conciencia de las partes de este sistema, es decir, del ser humano como holón.

En el último siglo hemos visto un movimiento dominante: el de la globalización (con su arista de Nuevo Orden Mundial). Existe cierta nobleza en el planetamiento de crear una sociedad global, una democracia planetaria y avanzar hacia la unión del espíritu humano, con todo lo que ello en verdad significa: proteger la diversidad, propiciar el desarrollo de manera igualitaria, intercambiar ideas, formar consensos, en suma, proyectarse como una entidad colectiva interdependiente. Sin embargo, esto es simplemente una utopía si se considera la realidad de la conciencia humana (y de los ejes o entes manipuladores que la circunscriben). La globalización y su superobjetivo del Nuevo Orden Mundial es fundamentalmente una forma de extender uniformente, a lo largo del planeta, un sistema oligopólico que simula ser una democracia y que para su prosperidad no solo necesita de la participación en un sistema económico de todos los integrantes del planeta —esto es, el consumo—, sino de su participación ideológica, justamente porque en el fondo somos juntos el espíritu humano.

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El Manifiesto del Metaprogramador


Todos los seres humanos, todas las personas que alcanzan la edad adulta en el mundo de hoy son biocomputadores programados. Ninguno de nosotros puede escapar nuestra propia naturaleza como entidades programables. Literalmente, cada uno de nosotros seríamos nuestros programas, nada más, nada menos.” — John C.Lilly, M.D.

“No puedes enseñar nuevos trucos a un perro viejo”, “un leopardo no cambia sus manchas” — el lenguaje está lleno de expresiones que implican que la gente nunca cambia. Toda nuestra sociedad parece estar organizada para evitar que nadie lo haga. El objetivo de este artículo es echarle un vistazo cómo está la situación actual y apuntar hacia fuentes para realizar tus propios experimentos.

John Lilly, más conocido por su trabajo en comunicación con delfines, fue uno de los primeros investigadores en lo que Tim Leary llamó ‘neuropsicología’: el uso de las operación del cerebro en lugar de la conducta humana para determinar los límites de lo que pueden hacer los humanos. Los experimentos de Lilly mostraron que el cerebro podía ser tratado como una entidad programable similar a un ordenador digital; tratándose en este caso de un ordenador capaz de programarse a sí mismo.

Lilly se refirió a esta capacidad de auto-programación como metaprogramación, e informó sobre sus investigaciones en su libro, “Programando y metaprogramando la biocomputadora humana” (Programming and Metaprogramming in the Human Biocomputer). Timothy Leary en particular y Robert Anton Wilson expandieron la teoría de la metaprogramación con su modelo de ocho circuitos para el cerebro, que cubriremos más adelante.
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In Lak´Ech – Hala Ken

Los mayas pensaban que todos somos parte integral de un único organismo gigantesco. Los budistas, de igual modo, creen que pertenecemos a una realidad superior, que somos parte de un Todo gigante y que ese Todo está vivo dentro de cada uno.

Según los mayas, el reino mineral, vegetal, animal y toda la materia esparcida por el universo a todas las escalas, desde un átomo hasta una galaxia, son seres vivos con una conciencia evolutiva. Cuando los hombres despertemos y nos demos cuenta de ese único organismo gigantesco, todas las relaciones estarán basadas en la tolerancia y la flexibilidad, se acabarán los juicios y los valores morales, pues el hombre, sentirá a los otros hombres, como otra parte de sí mismo.

Los mayas expresaban ese concepto de unidad en su saludo diario, cuando se encontraban se saludaban diciendo: “IN LAK’ECH“, que significa “yo soy otro tú“, a lo que contestaban: “HALA KEN“, que significa: “tú eres otro yo“.

Publicado por: Yo soy tu vida 

Una tarta de manzana

El astrónomo Carl Sagan alguna vez dijo que “para cocinar una tarta de manzana era necesario antes crear el universo entero”. Más allá de lo complicado, imposible en realidad, que sería hornear una tarta de manzana de la nada, lo bueno de esto es que en la tarta de manzana que sí podemos hornear yace todo el proceso del universo que ha hecho posible la creación de una tarta de manzana, desde el primer átomo de hidrógeno hasta el último horno eléctrico. Es decir, en una tarta de manzana podemos conocer todas las cosas que han existido. No tenemos las pruebas de la existencia de dios, pero si podemos afirmar sin lugar a duda que aquello que originó el universo está inevitablemente en cada parte del universo y de esta forma en la tarta de manzana o en la galaxia más cercana se pueden descubrir los secretos de la creación.

Escrito por: Aleister Cromby and Witch